«Transmitir y compartir la filosofía del Yoga da sentido a mi vida»
La vida está llena de experiencias que han hecho que hoy esté aquí, compartiendo contigo. Me encantaría charlar en persona de los caminos de la vida y celebrar que en este momento se hayan cruzado. Preferiría que fuera tomando un té, pero ya que estás aquí te cuento un poquito de mi historia.
Con 19 años, en la universidad, busqué calmar la mente. Así comencé a realizar ejercicios de meditación y asanas, de manera totalmente autodidacta: leía libros y veía videos de internet. Pocos años después llegó a mi vida el Acroyoga. una disciplina que me enseñó la complementariedad de dos cuerpos formando un asana (postura) y sincronizando la respiración, todo entre risas y juego. Aprendí a conocer mi cuerpo, a escucharlo y a moverlo. En 2018 empecé a guiar sesiones de Yoga y Acroyoga entre amigos, familia y conocidos. Ahí me di cuenta de que me hacía feliz compartir y guiar una sesión de Yoga. En ese mismo año empecé la Iniciación al Reiki con dos grandes maestros, que me enseñaron a escuchar lo sutil.
En 2019, comencé a practicar Yoga Iyengar y a tener una visión más amplia de lo que es el Yoga. Tuve una gran maestra, de quien siempre me consideraré alumna: Cristina Henson. Ella me inspiró y me enseñó la presencia del Yoga en la vida. Desde entonces, nunca he dejado de practicarlo.
Hoy continúo este camino formándome en Yoga Iyengar con Stéphane Wintenberger, un profesor experimentado cuyo rigor, precisión y profundidad en la enseñanza nutren mi práctica y mi comprensión del Yoga. Esta formación me permite ir haciendo realidad, poco a poco, un sueño que me acompaña desde hace varios años: convertirme en profesora de Yoga Iyengar.
He viajado dos veces a India con el objetivo de re-conocerme, profundizar en mi ser y en mi práctica. La primera vez fue en 2020, a Kerala, en el sur, donde realicé una formación de 200 horas de Hatha y Ashtanga. Allí escuché y aprendí de grandes Maestros que dieron claridad a mis pensamientos. Una experiencia increíble, donde comencé a sanar mi alma. Viajé al norte de India para conocer la cultura y la vida me enseñó a aceptar y a ser paciente. La filosofía del yoga empezó a estar presente en mi día a día. Dos años más tarde fui a Rishikesh, la cuna del Yoga donde completé mi formación con 300 horas de Hatha y Ashtanga. También aprendí el arte de tocar los cuencos tibetanos. Fue un viaje de cambios y decisiones, encontré las respuestas que buscaba y hoy me siento feliz de estar compartiendo contigo en este camino.
La búsqueda de lo sutil, el respeto por la Madre Tierra y mi conexión con las plantas me llevó a conocer a una gran Mujer, Betty Maïam. Con ella estudio los aceites esenciales y cómo utilizarlos. Viajamos a través de la aromaterapia, una magia basada en las sensaciones, las técnicas de meditación, las emociones… Una alquimia que me apasiona y me sana.
La música siempre ha ocupado un lugar importante en mi vida. De forma natural, poco a poco se ha ido integrando en mi práctica y en mi enseñanza del Yoga. En mis clases, me gusta crear baños sonoros con cuencos tibetanos y handpan, cuyas vibraciones acompañan al cuerpo y a la mente hacia un estado de relajación más profundo. El sonido se convierte entonces en un verdadero viaje interior, una invitación a ralentizar, escuchar, sentir y dejarse llevar. Estos momentos nos permiten alejarnos de la mente para reconectar con nuestro espacio interior, con nuestro silencio y con aquello que habita en lo más profundo de nosotros.
«Respira y todo te será revelado. Ama y todo será sanado. Esto es yoga.»
Seane Corn